Porque no quiero en la calle a terroristas, violadores reincidentes y asesinos en serie. Yo he firmado.
Hoy se ha conocido que el gobierno del PP seguirá adelante con los planes del PSOE, pergeñados por un tal Alfredo Pérez Rubalcaba. Para que luego haya quien diga que no existe consenso… Jaime Mayor Oreja clama casi en solitario contra las cesiones a los asesinos. Los militantes del PP están, por lo que una ha podido sondear, más que indignador. Y el gobierno dice que no cambia su política antiterrorista (es decir, la de Aznar que casi liquida a la banda) al tiempo que anuncia un plan de reinserción.
Lo único bueno de esta infamia (y si no es tal que el gobierno derogue pero YA el infame acuerdo aprobado por el Congreso para negociar con los Txapotes) es que vamos a ver quiénes estaban por la memoria, dignidad y justicia y quiénes estaban a ver qué pillan con el PP.
Todo el mundo a retratarse.
PD Ni qué decir tiene que quien esto suscribe no ha cambiado un ápice su postura y que se manifiesta rotundamente en contra de cualquier apaño con los etarras, contra quienes hay que aplicar todo el peso de la Ley. Y si hay que salir a la calle, ahí estaremos.
Mañana sábado, a las 17:00 horas, en el madrileño Hotel Emperador, José Antonio Ortega Lara, Salvador Ulayar y Francisco José Alcaraz, presentarán un manifiesto y anunciarán medidas contra la política penitenciaria del gobierno.
La madre de Silvia se ha referido después a María Dolores de Cospedal, que era subsecretaria del Ministerio del Interior cuando mataron a Silvia. Ha recordado cómo les visitó, a ella y a su marido, en la vivienda que les facilitaron tras el atentado y cómo “cogía” las manualidades que había hecho la niña y “lloraba”. “Yo pensaba: ‘lo siente’. Pero a día de hoy, le tengo que decir que ha traicionado a mi hija y a mi familia. Cuando le ha interesado, ha utilizado a las víctimas con fines políticos. A mí me lo ha demostrado así”, ha afirmado.
Reproducción del testimonio de Toñi Santiago, 29 de octubre de 2011. Plaza de la DIGNIDAD.
Me remonto al domingo 4 de agosto de 2002. Amanece un nuevo día y me dispongo a comenzar la jornada para dirigirme a mi puesto de trabajo. Antes, dejo preparada la ropa de Silvia para que su papá se la ponga. Es una niña presumida, muy presumida, y le dejo unos pantalones piratas azules y un top blanco para que se le pueda ver el ombligo.
El día transcurre con total normalidad y, a mediodía, Silvia llega al restaurante donde trabajo para comer y disfrutar de la tarde con su padre en la piscina. Es feliz. Se baña, juega y ríe con los demás niños que se encuentran con ella. Sobre las siete de la tarde, a papá le suena el teléfono.
- Papá, ¿te vas?
- Sí, cariño, tengo que ir a trabajar. Te quedas con mami y más tarde nos vemos.
- Vale, papi, pero mira cómo me tiro a la piscina, ya no tengo miedo -le dice a papá muy contenta-. Adiós, papá, te quiero.
Momentos después, llega a la piscina mi familia.
- Silvia, cariño, nos vamos a casa.
- Vale, mamá, salgo enseguida.
Arreglo a mi pequeña, la seco, la peino y, para finalizar la tarde de baño, le compro un cucurucho de chocolate.
Entramos en la casa cuartel de Santa Pola. Silvia y su primo juegan un rato en el patio con la bicicleta y unos minutos después suben a casa, pidiendo que les llevemos a cenar a McDonald’s. Silvia enciende el ordenador para enseñarle a su primo el baile que bailará el día de la Patrona. Disfruta bailando en la habitación, enseñándole a su primo Borja los pasos del baile.
En unos instantes, todo se vuelve oscuro, todo se mueve.
- ¿Qué pasa, Santos? ¿Qué pasa? -le digo a mi hermano.
Cuando logro ver, siento cómo la sangre me corre por el rostro.
- Mamá, mamá -me llama mi niña.
Comienzo a buscarla.
- No encuentro a la niña, Santos.
- Aquí, aquí está, Toñi.
Sólo veo sus ojitos. Empiezo entonces a quitarle escombros de encima.
- Dios mío, no puedo moverla, socorro, auxilio, por favor, mi niña está muerta.
Suben dos compañeros.
- Toñi, está viva, tenemos que salir de aquí, hay otra bomba.
- No, mi niña se muere, dejadme, iros vosotros.
Uno de los guardias me quita a Silvia de los brazos y sale corriendo con la pequeña, el otro compañero tira de mi brazo y salimos de aquello que había sido nuestro hogar. Mientras corría y los llamaba «hijos de puta», sentía cómo los cristales se me incrustaban en los pies.
Subo a una ambulancia con mi niña. No llora, no se queja, le canto y le rezo al oído por si me escucha.
- Llama al hospital, entra en parada -le dice el médico al conductor de la ambulancia, mientras le hace un masaje cardiaco.
Transcurridos unos minutos, dos médicos del hospital nos dan la noticia.
- Lo sentimos, la niña ha fallecido, hemos hecho lo que hemos podido.
De esta manera que les acabo de relatar, la banda terrorista ETA le quita la vida a una inocente niña de tan sólo seis años por ser la hija de un gran guardia civil.
Por eso, jamás nos cansaremos de pedir: «Frente a la impunidad, Justicia».
[Los presuntos asesinos de la pequeña Silvia, Andoni Otegi y Óscar Celarain, están siendo juzgados ahora en la Audiencia Nacional por éste y otros crímenes].


