Que se ha montado una buena a cuenta de la intención de Cristina Cifuentes y Ángel Garrido de suprimir del humanismo cristiano el “cristiano”, es bien conocido. En mi opinión Víctor Gago da magistral respuesta a esta propuesta en Libertad Digital, así que os emplazo a leerla. Cristina Cifuentes y sus compañeros de partido están en su perfecto derecho a presentar cuanta enmienda quieran en el Congreso del PP y eso no es discutible. Y yo de pensar que son unos insolventes zapateristas intelectualmente hablando. O de hacerles ver mi discrepancia.
Pero el tema del que yo me voy a ocupar no es ese.
Lo que causa estupor es la reacción de la Delegada del Gobierno en Madrid. Y resalto su cargo por lo que voy a contar a continuación.
Una vez que se conoció públicamente la enmienda en la red social Twitter se sucedieron las reacciones de indignación, alucine y cachondeíto de ciudadanos. También de apoyo. Es lo que tiene la web 2.0. Que aquí el personal ya no se calla. Cifuentes, reputada tuitera, debería saberlo.
La reacción, pasadas 24 horas, de Cristina Cifuentes, ante unos contertulios extrañamente tibios en Esradio, fue declarar que era víctima, nada menos, que de un “linchamiento”. Lo cual es gravísimo, por supuesto. Hemos asistido a otros, de gentes de la sociedad civil, como el de Hermann Tertsch. O el de Federico Quevedo, de quien discrepo profundamente, pero que sufrió todo tipo de amenazas e insultos en Twitter. O el de Albert Rivera, por citar a un político.
Bien. Pregunta: ¿ha denunciado Cristina Cifuentes, delegada del gobierno, éste presunto delito? ¿Ha denunciado amenazas, coacciones, injurias o calumnias ante las autoridades?
¿O estamos una vez más ante el victimismo de un político profesional cuando le pillan con el carrito de los helados?
Eso por un lado. Se imaginan la gravedad política del asunto si la señora delegada del gobierno acusa a ciudadanos de “lincharla” y no denuncia ¿verdad? Si no hay denuncia, a casita.
Por otro lado, como relata magníficamente Elentir en su blog, la popular, se ha permitido el lujo, toda una delegada del gobierno, de cargar contra una asociación ciudadana (Hazte Oír) porque la critican. Hazte Oír había lanzado una alerta ciudadana (consiste en que QUIEN QUIERA pueda enviar a TÍTULO INDIVIDUAL (individualismo puaggg) un correo electrónico a Cristina Cifuentes, Santiago Cervera y Ángel Garrido pidiéndoles la retirada de su enmienda por discrepar de ella).
Cervera y Garrido reaccionaron como ya la legislatura pasada habían reaccionado políticos socialistas: quejándose de recibir los correos. ¡Pabernos matao! Deberían reflexionar sobre ello. Si los ciudadanos os “saturan” el correo, lo mismo es que discrepan y deberíais al menos meditar sobre ello en lugar de cabrearos.
Pero lo de Cifuentes ha sido mucho peor. Acusa a Hazte Oír poco menos que de ejercer la censura y hacerla callar. Y de insultarla o faltarle al respeto, cosa absolutamente falsa, a menos que faltarle al respeto sea llevarle la contraria.

Pues bien, aunque la señora Cifuentes sostenga la barbaridad de que las convicciones personales hay que dejarlas en casa para ejercer en política (¿si me dedicara a la política debería dejar mi convicción de defender la libertad en casa, señora mía? ¿y debería cortarme las alitas de angelito cristiano, Cristina -valga la redundancia-?), resulta que además es delegada del gobierno antes, durante y después.
Y es intolerable democráticamente hablando que la delegada del gobierno cargue de esta forma contra Hazte Oír.
Por eso mismo Cristina Cifuentes debería dimitir. Pero ya. O ser cesada.
Además así podría volver a la Universidad de donde dice que viene y estudiar un poco de ciencia política. Lo cual le vendría estupendamente.
PD Ah, y ni se molesten. No soy democristiana. Ni mucho menos.
PD Desconozco si la señora Cifuentes me ha bloqueado o no en Twitter, como ha hecho con buena parte de sus críticos. No es un personaje cuyo bloqueo me preocupe lo más mínimo. En todo caso, al título del blog me remito.
Han opinado…